#387
Noviembre 2017


LA ARQUITECTURA LATINOAMERICANA EN EL CONCIERTO MUNDIAL

Las ciudades capitales de América Latina – con sus diferentes identidades – muestran algunas similitudes en el crecimiento de la trama urbana. Tienen en común: los espacios históricos que luchan por permanecer y algunos desaparecen a pesar de ser declarados patrimonio arquitectónico; el desarrollo de edificios dedicados a viviendas o a oficinas con acceso más tranquilos, con estacionamientos y con mejores vistas. El tercer aspecto común son las nuevas urbanizaciones denominadas condominios, countries o barrios privados, que se multiplicaron en los últimos años.

Roberto Segre analiza que los perjuicios ocasionados a las ciudades latinoamericanas por el tecnocratismo infraestructural que produjo la irrupción de autopistas en la trama urbana; y el reiterado International Style de los edificios públicos construidos en las décadas de los sesenta y setenta – durante la hegemonía de las dictaduras militares en la región -, generaron una fuerte reacción a partir de los años ochenta, al instaurarse los regímenes democráticos.
Fue denunciada la pérdida de los edificios históricos en el centro; el anonimato de las torres de acero y cristal; la incontrolada expansión periférica y el crecimiento de los asentamientos espontáneos de los estratos sociales de bajos ingresos.
Pese a las presiones del capital financiero especulativo globalizado y la dinámica estatal basada en las privatizaciones y en la reducción al mínimo de los proyectos de contenido social; en la década de los noventa, los gobiernos municipales apoyaron iniciativas progresistas que transformaron las áreas centrales de algunas ciudades y mejoraron las condiciones del hábitat de los pobladores marginales.

Revalorización de edificios y del espacio urbano
En la Argentina, Buenos Aires y Córdoba, con la participación de arquitectos de prestigio – Dujovne y Hirsch; Lestard, Varas y Baudizzone en la primera y Miguel Ángel Roca en la segunda -, se refuncionalizaron edificios históricos por medio de la reactivación de las actividades comerciales, administrativas y residenciales en el espacio central urbano: constituyen ejemplos significativos los proyectos de Puerto Madero y La Recoleta en la capital (este último, con la participación de Clorindo Testa); así como la articulación lograda por Roca entre la peatonalización del área histórica, los centros barriales y los Centros de Participación Comunitaria (CPC) en la periferia; experiencia luego repetida en La Paz, Bolivia. Similares iniciativas fueron impulsadas por los “arquitectos-alcaldes” del continente: Mariana Arana en Montevideo, Jaime Lerner en Curitiba y Luiz Paulo Conde en Río de Janeiro. Éste, a lo largo de la década pasada, alternó la vitalización de las centralidades barriales en las áreas anónimas de la ciudad, con fuertes intervenciones en los asentamientos precarios de las favelas, reintegrándolos con los barrios circundantes a través de servicios e infraestructuras. También podemos citar a la remodelación de la Avenida Bolívar en Caracas de Carlos Gómez de Llarena y la restauración del conjunto monumental de La Habana Vieja, promovido por Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, cuya iniciativa conservó en la zona su población originaria.
Roberto Segre, señala que al final del siglo XX, cabe afirmar que la arquitectura latinoamericana alcanzó su mayoría de edad. En la década reciente se multiplicó el interés por obras y diseñadores del hemisferio, demostrado por la atención de críticos europeos y norteamericanos – Kenneth Frampton, Joseph Rykwert, Josep María Montaner, Luis Fernández Galiano, Guido Canella -; los números monográficos de revistas dedicados al tema – Zodiac en Italia; 2G y A&V en España; Design Book Review en Estados Unidos -; y los diversos premios otorgados a los profesionales de la región. Oscar Niemeyer recibe la Gold Medal del RIBA en Inglaterra (1998); el brasileño JõaoFilgueiras Lima, el Gran Premio de la Primera Bienal de Arquitectura e Ingeniería de Madrid; el mexicano Ricardo Legorreta es galardonado en el Congreso de la UIA en Beijin (1999); Bruno Stagno de Costa Rica y el colombiano Rogelio Salmona son reconocidos por el Prince Claus Fund de Holanda; Jorge Jáuregui de Brasil, recibe el Veronica Rudge Green Prize in UrbanDesign de Harvard (2000) por sus proyectos de intervención en las favelas de Rio de Janeiro.
La creación del “Premio Mies van der Rohe para la Arquitectura Latinoamericana” en 1998 – homólogo al que ya existe desde hace tiempo para la producción europea -, difundió en sus dos versiones, no sólo la obra de los ya consagrados internacionalmente – Oscar Niemeyer, Rogelio Salmona, Laureano Forero, Clorindo Testa, Carlos A. Ott, Ricardo Legorreta, Teodoro González de León, Carlos Gómez de Llarena, Enrique Browne, Paulo Mendes da Rocha (premiado en el 2000) -, sino también a la joven vanguardia: citemos entre otros al mexicano Enrique Norten (vencedor en 1998); a los chilenos MathiasKlotz, José Cruz Ovalle y Juan Purcell Mena; al cubano José A. Choy; a los argentinos Pablo Tomás Beitía y Ana Etkin; a los uruguayos Gastón Boero y Juan Gustavo Scheps, todos participantes como finalistas en los sucesivos premios.
A ello se suma la multiplicidad de lujosas ediciones y estudios monográficos publicados tanto en la región como en Estados Unidos y Europa. Por una parte, los dos tomos del Premio Mies van der Rohe, seguidos por el conjunto de libros sobre la obra del argentino Miguel Ángel Roca y la difusión de proyectos y construcciones de Clorindo Testa, Ricardo Legorreta, Abraham Zabludovsky, González de León, Paulo Mendes da Rocha, MathiasKlotz, Ernesto Katzestein, Kalach y Álvarez, João Filgueiras Lima y Oscar Niemeyer. También ocurre el rescate de los Maestros del Movimiento Moderno latinoamericano, a través de serias investigaciones sobre el aporte realizado por JõaoVilanova Artigas, AffonsoReidy, Luis Barragan y otros fundadores que forjaron la expresión de la indentidad continental y caribeña.

Retorno al centro urbano
Aunque la crisis económica que azotó la región en los años ochenta – también llamada la década perdida -, no se superó en la siguiente, reduciendo al mínimo las inversiones estatales en obras sociales; en algunas ciudades surgieron importantes edificios, construidos por la iniciativa privada o por el gobierno, cuya significación simbólica de la función los convirtió en hitos arquitectónicos en el contexto urbano. Los temas de las torres de oficinas, centros administrativos y hoteles, tuvieron la primacía en las ciudades capitales, destacándose unos pocos por su calidad de diseño. Entre otros citemos el refinamiento de los detalles del Consorcio Nacional de Seguros de Enrique Browne y Borja Huidobro en Santiago de Chile; la “primermundista” torre República en Puerto Madero de César Pelli; la búsqueda de geometrías elementales en el bloque de oficinas en Santa Fé por Agustín Hernández; la alienación hightech del edificio de usos múltiples de Televisa de Norten y Gómez-Pimienta, ambos en México D. F.; la sobriedad formal del hotel Sheraton en Córdoba de Morini, Urtubey, Pisani, Guerrero y Gramática; el cromatismo exuberante del Renaissance Hotel en San Pablo de Ruy Ohtake; el expresionismo contextualista del hotel Santiago de Cuba de José Antonio Choy. Por el carácter icónico del tema o la búsqueda de una identidad cultural regional, algunos ejemplos sobresalen por sus contenidos estéticos o por el diálogo con el contexto urbano. Tres “palacios” dedicados a la justicia, asumen soluciones divergentes: mientras en Córdoba, Morini, Urtubey, Guerrero, Gramática y Pisani, optaron por la monumentalización del edificio frente a la ciudad; en el proyecto de la “Ciudad Judicial” de Buenos Aires, los jóvenes proyectistas – Dergorabedian, Frangella, del Puerto, Parodi, Sardin, Ferrari – crearon un nuevo tejido arquitectónico que se superpone a las manzanas urbanas; por último, Moré y Caro en la Suprema Corte de Justicia de Santo Domingo, República Dominicana, interaccionan a través de la estructura volumétrica y los elementos de fachada con el conjunto de edificios de la Feria de la Paz y del Mundo Libre, construído por el arquitecto Guillermo González en la década de los cincuenta. A su vez, los colombianos Salmona y Forero no abandonan la expresividad del ladrillo en sus proyectos de gran envergadura: el Archivo General de la Nación en Bogotá, del primero; el Centro Comunitario Comfama en Medellín, del segundo. Los centros culturales permiten complejas elaboraciones formales y espaciales, gracias a la diversidad de las exigencias funcionales: recordemos el conjunto de edificios del Centro de las Artes en Ciudad México, diseñado por Ricardo Legorreta y un equipo de profesionales locales, caracterizado por la coexistencia de lenguajes divergentes. En San Pablo, coinciden tres ejemplos significativos; el Credicar Hall de Aflalo&Gasperini, el mayor centro de espectáculos de la ciudad, cuya multifuncionalidad permitió la riqueza expresiva de los espacios interiores; la sala de conciertos en la Estación de FFCC “Júlio Prestes”, de Nelson Dupré y la remodelación de la Pinacoteca del Estado, de Paulo Mendes da Rocha. La inserción de la sala de conciertos en la clásica sede ferroviaria – diseñada a inicios de siglo por ChristianoStockler das Neves -, es una obra maestra en el logro, no sólo de los óptimos resultados acústicos, sino en la articulación respetuosa del nuevo diseño con el sistema académico del edificio preexistente.

Nuevos caminos en la arquitectura latinoamericana
Es posible hablar de un lenguaje arquitectónico latinoamericano, que se destaque en el contexto de las vanguardias universales?. Sin lugar a dudas, existen variaciones locales dentro de las corrientes actuales dominantes, especialmente en obras pequeñas de valor experimental. La vivienda individual constituye el tradicional laboratorio para los arquitectos jóvenes, como se verifica en la segunda versión del Premio Mies van der Rohe, por el número de casas seleccionadas como finalistas. En Rosario, la casa Frida Kanter de Augusto Pantarotto, pertenece a este camino de búsquedas formales y espaciales. Dentro del reduccionismo de los recursos materiales y la ruptura con los principios cartesianos del diseño que caracterizan el minimalismo y el deconstructivismo, sobresalen el Museo de las Esculturas de Paulo Mendes da Rocha en San Pablo, el Museo Xul Solar de Pablo Tomás Beitía en Buenos Aires y la sede del Banco Financiero Internacional de José Antonio Choy en La Habana. En éste, se logró una fusión armónica entre los elementos clásicos de la sede original de los años cincuenta y la adición de una ligera estructura metálica y superficies vidriadas que envuelven la columnata académica.
También la hightech encuentra su expresión local. Constituye un paradigma de la respuesta “tercermundista”, el conjunto de hospitales “Sara Kubitchek” construídos en varias ciudades brasileñas por el arquitecto João Filgueiras Lima. Con el habitual sentido del humor característico de los proyectos de ÉoloMaia en Belo Horizonte, la Academia de Gimnasia “Wanda Brambilla” – que según sus propias palabras, es una obra “uai-tech” -, combina las pulidas superficies de la chapa de acero-carbono, con una cáscara de hormigón y bambú, que configuran una imagen inédita de formas libres en el contexto urbano. Por último, el lenguaje “regionalista tropical” aparece en las construcciones del costarricence Bruno Stagno y el puertorriqueño Luis Flores. En la serie de bancos diseñados en San José por Stagno, la herencia de la arquitectura de las plantaciones centroamericanas es reelaborada en la ligereza de las estructuras metálicas, los techos volados de zinc, y la transparencia de los espacios que bajo la sombra, dejan fluir la necesaria brisa refrescante. Flores, en las oficinas de la Editorial de la Universidad de Puerto Rico, rescata los vínculos contextuales con los edificios cercanos estilo Déco, y organiza las funciones a lo largo de una calle interior pergolada que filtra la brillante luz caribeña. Finalmente, el conjunto de obras citadas demuestran la vitalidad de los profesionales latinoamericanos, que a pesar de las dificultades creadas por la precariedad económica y la invasión de los modelos ajenos, consecuencia de la persistente globalización financiera y cultural, intentan expresar la continuidad de una cultura dinámica, producto de la constante mezcla e hibridización de sociedades y tradiciones.
Roberto Segre, se graduó en la Facultad de Arquitectura de Buenos Aires. En Cuba comenzó su vida académica, poniéndose a cargo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de La Habana, cargo que ocuparía durante las próximas tres décadas. Formador de varias generaciones de arquitectos e historiadores del arte en La Habana, y en universidades de Latinoamérica y Europa. En 1994 partió a Brasil donde comenzó una nueva etapa de su vida como investigador y profesor de cursos de posgrado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Río de Janeiro (FAU). En el año 2007, recibió el título de doctor honoris por el Instituto Politécnico de La Habana. También trabajó como asesor general de la Unesco y, por esta institución, tuvo la responsabilidad de organizar el libro América Latina en su arquitectura (1975). Falleció en 2013.

 

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